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Creación y cultura viva: hablamos con Martín Moniche

El gestor cultural nos habla de su trayectoria en La Térmica y otros proyectos, de las necesidades de los creadores actuales y, en definitiva, sobre cultura viva

Martín Moniche es uno de los agitadores culturales más reconocidos de Málaga y técnico de actividades de La Térmica, uno de los espacios más activos de nuestra ciudad. Hablamos sobre su experiencia como gestor cultural en tiempos de pandemia, sobre las necesidades de los creadores actuales y, en definitiva, sobre cultura viva

¿Cómo ha sido para el equipo de La Térmica crear una programación en un contexto tan complicado?

Coincidimos todos en que habido un antes y un después en la programación cultural de La Térmica y de cualquier centro, museos, festivales que no se han podido celebrar y de la agenda cultural de todo el país, que se ha visto afectada gravemente. Se han parado muchas actividades con el consiguiente malestar económico de productoras y de todo el sector de creadores. Por contra, también ha habido una nueva revolución de lo digital; hemos pasado a ver el mundo de dos maneras: de lo virtual a lo físico, el on y el off. Es decir, lo que desarrollamos y se ve presencialmente y lo que queda en la red para que todo el mundo lo pueda ver desde cualquier parte del mundo, ha supuesto un cambio de era. Lo cierto es que ha sido todo muy complicado: antes tenías programado con bastantes meses de antelación y ahora programas de otra manera, para un aforo, luego tienes que reducirlo para después tener que desprogramar… También hemos vivido experiencias que no habíamos vivido hasta ahora, por ejemplo, conciertos de música muy divertida y verlos sentados con una mascarilla y una distancia de uno y medio o dos metros con respecto al de al lado. Ha sido una circunstancia muy difícil de gestionar. Pero también, viendo la oportunidad, ha habido una especie de revolución en el ámbito digital. En La Térmica hemos realizado mucha actividad online; donde antes hacías cursos y talleres a los que solo podía venir gente de Málaga, al hacer un formato híbrido u online hay gente de cualquier lado del mundo que se puede apuntar a la actividad. Por tanto, no hay que ver solo lo negativo, sino también lo positivo que ha traído esta pandemia, pues nos hemos dado cuenta de que la cultura tiene que estar también en la red.

¿Cómo crees que ha cambiado la pandemia a la cultura?

Lo primero de lo que nos dimos cuenta durante el confinamiento es de que la cultura era muy importante, un sector estratégico. Todos necesitábamos libros, música, ver monólogos, teatro, series… La cultura nos salvó en ese momento de crisis y ansiedad. La lectura, la poesía, es la que está ahí en los momentos difíciles. Por eso en nuestro país tenemos que dar un salto y reivindicar como derecho constitucional el acceso a la cultura, que todos los ciudadanos tengan acceso a ella. Está claro que una sociedad que lee, que escucha música, que puede sentir con emoción con el teatro, que puede ver cine y disfrutar de lo audiovisual es una sociedad mucho más rica, más desarrollada, no solo intelectualmente, sino anímicamente. Es la cultura como enriquecedora del alma. Pero en las políticas públicas se olvida que los creadores tienen que vivir. Siempre hago la analogía de que el museo es un espacio vivo, y por supuesto muy necesario, pero está lleno de autores que han fallecido, salvo algunos muy contemporáneos. Hay que crear espacios para la cultura viva, los creadores de ahora, para que se desarrollen, para que puedan trabajar, para que tengan mecanismos para conectar unos con otros y, sobre todo, ayudas que puedan facilitarles la vida. Y otra cosa muy importante es el apoyo a la distribución. Por ejemplo, una compañía de teatro en Málaga: se les ayuda a hacer una obra, sale adelante, pero una vez que se estrena aquí, muere aquí. No hay un circuito de distribución para que pueda ser exportado. ¿Quién te ayuda a mover tu obra? Igual que músicos, cantantes, ¿quién te ayuda a buscarte bolos? Lo hacen empresas privadas, pero las que lo hacen son ya muy top. La ley del artista o la ley de mecenazgo son aspectos en los que hay que trabajar para que la cultura se siga desarrollando.

De todo lo conseguido hasta hoy con tu trabajo en La Térmica, ¿de qué te sientes más orgulloso?

De formar parte de ella y de una familia, ante todo, y de haber sido uno de los primeros que entró con el director en este proyecto en su génesis. Por ejemplo, mi director me ha dado mucha vía libre para pensar y llevar a cabo proyectos más arriesgados e innovadores. También me siento orgulloso de la libertad con la que se respira la programación y la innovación y la valentía que tiene el centro para programar actividades que no son fáciles. Ha habido mucho trabajo de producción, de formación, de encuentros, de trabajo en equipo… En cuanto a proyectos, Creadores; el Festival de Cultura Basura que fue un éxito; los Red Friday como convocatoria para disfrutar de la cultura… Y sobre todo me siento orgulloso de haber contribuido con mi trabajo en el centro a la idea de que Málaga es algo más que ciudad de los museos; es una ciudad moderna, abierta, donde se cuecen cosas. Esa imagen sí la hemos dado al resto de España y al resto del mundo y La Térmica ha tenido mucho que ver.,

Este año has estrenado programa como presentador en 101 TV. ¿Qué tal la experiencia?

Sí, con mi compañero Javier Boxó. La verdad es que ha sido una experiencia maravillosa, porque es un programa que hemos hecho con mucho cariño y en el que hemos contado con el apoyo de Grupo Mundo. Sobre todo es un proyecto muy desenfadado y divertido. La gente pensaba que era corazón, pero hemos tenido mucho contenido cultural. Hemos querido hacer una especie de experiencia innovadora en un formato habitual de programa que se puede asociar a la prensa rosa, pero nosotros hemos metido contenidos culturales de manera fresca, divertida, cercana. Siempre los programas de cultura parecen sesudos, un poco inaccesibles, y no tienen por qué serlo. La cultura tiene que ser diversión porque forma parte del ocio. Es, por tanto, una manera de hacer ruido para acercar la cultura de forma divertida y sin aspavientos. A veces la gente de la cultura se posiciona en altares y pueden parecer estrellas inaccesibles, lejanas. Desde Holi hemos pretendido romper un poco con eso y hemos tenido mucho éxito. Hemos sido récord de audiencia en televisión y la gente nos ha visto no solo a través de esta, sino también online. Y vamos a seguir la temporada en septiembre con nuevos contenidos, nuevas historias y nuevos invitados.

¿Qué proyectos trae el nuevo curso a La Térmica, en general? ¿Y a Martín Moniche, en particular?

En La Térmica presentamos la programación a mediados de septiembre y estamos trabajando en mucho contenido internacional que ya el director, Salomón Castiel, presentó. Tenemos el festival literario Escribidores, que se hace con la Cátedra Vargas Llosa y al que viene gente de toda America Latina, y seguiremos con la misma dinámica de una forma renovada e intentando que la pandemia nos deje respirar. Y en cuanto a proyectos personales, seguir con mi restaurante que en momentos ha sido muy duro, pero ahí estamos sacando cabeza también. Está en El Soho que, a nivel cultural, está creciendo de una forma maravillosa gracias en parte al Teatro del Soho, que ha permitido que alrededor de este epicentro cultural surjan nuevos hoteles, nuevos restaurantes, y está creciendo de una manera increíble. Luego, otros proyectos culturales enraizados con la ciudad, con la gente más joven, buscando apoyar nuevos proyectos de gente muy joven y trabajar por una ciudad más viva creativamente.

¿Cómo ves el panorama de la cultura malagueña?

Málaga está en el punto de mira de toda España a nivel cultural. Es cierto que hay mucha gente haciendo cosas, pero de forma muy inconexa. Haría falta primero coordinar una especie de articulación institucional entre todas las instituciones públicas y privadas para hacer un calendario cultural, ya que muchas veces nos encontramos con que se programan cosas a la vez y en los mismos días y cosas muy parecidas. ¿Por qué no aunamos esfuerzos para poder hacer cosas más grandes con el apoyo de todos? Sobre todo para no pisarnos y entrar en competición. Yo siempre soy partidario del juego cooperativo, no del juego competitivo. Hay que reivindicar la cultura viva, es decir, los Picasso de ahora. Hay que intentar dar apoyo a esta gente que está haciendo cosas y darles espacios y también una especie de monitorización, como cuando tienes un enfermo y le haces seguimiento y lo salvas. El creador tras esta pandemia necesita ese apoyo más que nunca. Vamos a intentar hacerle seguimiento y salvarlo. Y para eso hace falta programas específicos.

¿Cuál es tu ruta imprescindible para vivir la cultura malagueña?

Primero La Térmica, evidentemente (risas). También recomiendo visitar alguno de los museos. Yo siempre reivindico al gran desconocido que es el Museo Ruso, que tiene una colección maravillosa. Y luego, el Picasso siempre tiene muy buenas exposiciones temporales. También un espectáculo en el Teatro del Soho, por ejemplo, para apoyar a esas entidades privadas que desde su bolsillo y riesgo apoyan la cultura, o La Cochera Cabaret. Algunos espacios alternativos como La Casa Amarilla o La Matraca, o galerías como Isabel Hurley o Javier Marín. Y luego un gran espectáculo en el Auditorio, como los que organiza Grupo Mundo, o algún concierto en cualquiera de las salas de Málaga. Evidentemente, nos falta música en directo. Creo que el alcalde no termina de ver que una ciudad cultural como la nuestra necesita espacios para escuchar flamenco, o jazz, mientras estás cenando o tomando una copa como cualquier ciudad turística del mundo.

Foto: Fer Gomez