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La cultura y sus mundos posibles: hablamos con Pablo Bujalance

El autor nos habla sobre creación, proyectos, retos y, en definitiva, sobre la cultura y los 'mundos posibles' que esta nos ofrece

En lo que va de año, Pablo Bujalance ha dirigido dos obras de teatro, ha publicado un libro de poesía y, hace tan solo unos días, ha presentado un taller de escritura creativa. Todo ello combinado con su papel como periodista cultural y columnista. Hablamos con el autor sobre creación, proyectos, tiempo, retos y, en definitiva, sobre la cultura y los mundos posibles que esta nos ofrece.

Hace poco más de un año de tu participación en Factoría desde casa con Llama Violeta, con Macarena Pérez Bravo, en pleno confinamiento. A pesar de lo complicado que lo ha tenido el sector cultural desde entonces, has permanecido muy activo. ¿Cómo has vivido este último año?

La primera impresión cuando se decretó el confinamiento fue de estupefacción. Pero fue cuestión de días que empezaran a aparecer propuestas y convocatorias que echaban mano de las herramientas virtuales para ofrecer alternativas. También había un ánimo de llamar a la participación y de seguir haciendo cosas en cierta manera como modo de distracción, porque estábamos todos pendientes de cómo evolucionaba la pandemia, la situación de los hospitales… Al final la posibilidad de ver o hacer algo distinto, aunque fuera a través de nuestros teléfonos móviles, era de agradecer. Hubo propuestas en las que participé, tanto de instituciones como de compañías de teatro, para esta dimensión virtual. Y al final sí, este último año ha sido fructífero y, también, trabajando para cuando se pudiera hacer una actividad cultural de cara al público. Respecto a Factoría desde Casa, vi la convocatoria, me pareció interesante y presenté el proyecto Llama Violeta, una historia de confinamiento, y tuve la suerte de que fuera seleccionada y pude hacerla con una actriz con la que fue genial trabajar, aunque a distancia. Pero desde luego trabajar con Macarena fue un gustazo, lo mejor de todo. Y fue muy bien, tuvo mucha repercusión y llegaron mensajes de toda España y de América Latina de gente que vio la obra y a la que les había gustado.

Eres periodista cultural, escribes y diriges obras de teatro y acabas de anunciar la apertura del taller de escritura creativa ‘Mundos posibles’. ¿Cómo se compagina tanta actividad?

A veces yo también me lo pregunto (risas). Es una cuestión de aprender a gestionar el tiempo y de aprender a hacer las cosas de forma que el tiempo que les dediques multiplique su eficacia. Algunas personas que se han inscrito en el taller me comentan que les encantaría escribir, pero que no consiguen sacar proyectos adelante por una cuestión de tiempo. Vivimos en una coyuntura en la que es muy difícil obtener tiempo; no obstante, puedo decir que en toda circunstancia es posible gestionarlo de manera favorable. Sobre todo, que el rato que organices y dediques a escribir sea fructífero. Todo esto tiene mucho que ver con el antes: es importante hacer una previsión y una organización. Si eres capaz de prever cuánto le vas a tener que dedicar a algo y de qué manera, se facilitan mucho las cosas. También, como escritor, funciono mucho por encargos. Una compañía de teatro te dice «queremos tener una obra para tal fecha»; te pones a escribir y ya sabes qué día es el estreno, así que sacas el tiempo de donde sea y lo haces. Insisto en que es posible: al tiempo cuanto más le das, más te devuelve. Lo importante es hacer lo que te guste, que lo que hagas te dé satisfacción y te dé las compensaciones que tú crees que son justas y que merecen por el trabajo que estás haciendo. Si esto se da, el tiempo cunde.

Cuéntanos más sobre ‘Mundos posibles’. ¿Cómo nace este proyecto? ¿Qué encontraremos en este espacio?

Nació como un espacio para escribir y trabajar fuera de casa, ahora que el teletrabajo invade todo el tiempo y cualquier momento es susceptible de abrir el ordenador y ponerte a trabajar. Tener un lugar para escribir nos parecía interesante, tanto a mí como al resto de mi familia, mi mujer y mi hija. Encontramos este sitio estupendo y ahí surgió la oportunidad de crear el taller, una idea que tenía desde hacía tiempo. Crear comunidades y grupos en torno a la escritura como razón de ser y como razón de hacer es algo que me gusta, me ilusiona. Vamos a trabajar en grupos muy reducidos con todas las garantías de seguridad y comenzaremos para octubre, que ya esté la vacunación avanzada. Y ahí estamos, con la idea de aprender a mirar para aprender a escribir. Me parece que es importante trabajar la herramienta de la percepción, más aún después de tanto tiempo en casa. También quería romper con la idea del escritor encerrado esperando a que las musas lo visiten. El escritor es un ser permeable, sale a la calle, viaja, va a la compra, hace su día a día, absorbe lo que el mundo le ofrece y, con eso, hace su escritura. Es un taller pensado para trabajar y desarrollar la percepción como proceso de escritura. Esa es la idea fundamental.

Y ha sido todo un éxito, ya habéis completado el primer taller.

Así es, lo completamos el primer día y hay una gran demanda para el siguiente en febrero. Es bonito hacer una propuesta y que la gente responda. Parece que la idea del taller y su filosofía está resultando interesantes a personas que quieren crecer como escritores; así que es una alegría —y vamos a estar entretenidos un tiempo—.

Además del taller, ¿qué otros proyectos tienes en el horizonte?

Hay proyectos literarios en marcha y sigo con varias obras de teatro en gira; de hecho, vamos a estar con uno de los últimos proyectos que estrené en el Festival de Teatro de Málaga, LEAR!, con Antonio Zafra, y con Marco Bruto. Sobre la traición estamos esperando que se activen los circuitos provinciales de varias comunidades en los que ha entrado la obra y que, poco a poco, se vaya normalizando la situación para que se vayan contratando proyectos. También publiqué un libro de poemas en abril y estamos pendientes de cómo van a darse las ferias del libro de Andalucía; ya está previsto que esté en algunas de ellas y estamos a la espera de las convocatorias para hacer presentaciones y darle más vida al libro, hacer firmas, etc. Y mientras, seguimos escribiendo, claro.

¿En qué momento te encuentras actualmente como creador?

Pues confieso que me hago esa pregunta a veces. Cuando uno hace muchas cosas es bueno pararse de vez en cuando y ver hacia dónde va. Sí creo que estoy en un momento de inflexión y algo tiene que ver el taller en el sentido de que me va a permitir organizar el tiempo y la actividad en torno a un proyecto concreto y una nueva aventura. Esto significa que voy a tener menos tiempo para escribir, pero ese tiempo va a estar mejor aprovechado. Tengo varios proyectos narrativos abiertos y quiero centrar mi atención como escritor en alguno concreto, que justo estos días estoy decidiendo cuál será. Quizá esa inflexión tenga que ver también con una definición más concreta de mi función como escritor. Es cierto que me gusta mucho escribir de todo, he escrito teatro y es donde más he trabajado, aunque tampoco es algo que yo haya buscado expresamente. Hay unos proyectos que tiran de otros, ofertas que te vienen que son ilusionantes y te vas comprometiendo, y estoy muy contento del teatro que he escrito hasta ahora, igual que de la poesía, pero seguramente necesite ahora un pequeño paréntesis para definir más el mundo particular que quiero crear como escritor. Y por eso creo que el taller me va a ser muy útil para delimitar bien qué quiero hacer exactamente.

En el Festival de Teatro estrenaste Marco Bruto. Sobre la traición, que sitúa al espectador frente a cuestiones tan vitales como la libertad de expresión. ¿A qué retos se enfrenta actualmente este concepto?

Para mí la libertad de expresión corre el peligro de que desde todos los espectros ideológicos la consideran un elemento peligroso, un elemento al que, de alguna forma, conviene controlar. Estamos en un momento del debate social en el que las consignas vuelven a ser muy importantes y en el que lo que esas consignas tienen de prejuicio, es decir, lo que viene dado de antemano, vuelve a tener mucho sentido. Basta que un gesto, una palabra, una determinada actitud por tu parte se haga pública para que esto te convierta en parte de un colectivo, de una manera de pensar, de una adscripción ideológica concreta, dado que el debate político se sostiene en consignas, insisto, dadas de antemano. El principal reto de la libertad de expresión es su capacidad de significar, de tener sentido más allá de este debate de consignas. Está claro que quien ve el mundo en blanco y negro va a tener una opinión muy clara de lo que debe ser expresado y lo que no, y eso, desgraciadamente, es lo que más se da en el debate político. Lo que necesitamos es una libertad de expresión que sea capaz de sobreponerse y de significar más allá de los prejuicios, una libertad de expresión que se crezca en los matices. Muchas veces parece que la libertad de expresión se gana en el exabrupto, en el mensaje más bestia, en que quien grita más va a ser más escuchado. El reto es su capacidad de aferrarse al matiz, de poner peros a todo, a cualquier posición ideológica, a cualquier credo y a cualquier argumento sine qua non. Es un apostolado complejo, como periodistas lo sabemos bien… Vemos que la ironía ha quedado completamente desterrada y es desesperante, es un aburrimiento y, además, ves que mucha gente se ofende cuando estás utilizando un lenguaje irónico y eso me parece tremendo. Hay que tener en cuenta la ironía, el matiz, el hecho de buscarle siempre la otra lectura a las cosas, no quedarte con lo primero que te dicen. Eso justamente es lo que nos hace inteligentes, lo que nos hace humanos.

Como periodista cultural, y también como creador, ¿cómo ves la cultura malagueña en estos momentos?

Málaga es una ciudad paradójica. Eso tiene que ver con el hecho de que es una gran ciudad y ha incorporado a una gran cantidad de gente. Por un lado, abraza esa modernidad —empresas tecnológicas, startups…— y, por otra parte, la ves aferrada a sus tradiciones. Y eso es bonito, me resulta muy excitante, porque también Málaga es muy barroca en ese sentido. Al final la oferta cultural de cada ciudad crece mucho dependiendo de la naturaleza de esta, y a mí me parece que Málaga es una ciudad efervescente, viva, que ofrece mucho a públicos muy distintos. Tanto los amantes de formatos y una oferta más tradicional como quienes buscan experiencias más híbridas o alternativas tienen oferta diaria. Málaga puede enorgullecerse de la oferta cultural que ha sido capaz de poner en marcha, tanto por mano de instituciones como de colectivos. Un caso ejemplar es el ciclo de Clásicos en Verano de Pata Teatro, aunque justo ha tenido la mala suerte de tener que cancelar. Pero una compañía que pone a título privado un proyecto en marcha con patrocinios diversos y el apoyo de instituciones y saca adelante un ciclo con funciones llenas, eso hace unos años era una locura y ahora resulta que hay gente que se lo plantea y, además, funciona. También tenemos el Festival de Cine, o el ciclo de cine clásico La edad de Oro, que es uno de los mejores de este género que se pueden ver en España. Está el Cine Albéniz con una programación envidiable, así como las actividades de la Orquesta Filarmónica y propuestas más alternativas de un carácter más underground de las que un público más joven puede disfrutar. Yo creo que hay un mapa diverso. Falta quizá un mayor tirón de iniciativas privadas y particulares que puedan crecer bajo la sombra de las grandes instituciones culturales; por ejemplo, se da la paradoja de que Málaga cuente con tantos museos y, sin embargo, con pocas galerías de arte. Últimamente se han incorporado algunas que parecen trabajar con más ambición y tienen propuestas muy serias, pero preguntas a cualquier galerista y les cuesta la vida porque no se ha generado coleccionismo suficiente en Málaga. También está la Orquesta Filarmónica y se han formado grupos de cámara, pero tienen muy difícil hacerse con un mínimo circuito de actuaciones, cuando seguramente podría darse, porque precisamente hay equipamientos públicos y estos grupos de orquestas jóvenes podrían tener más actividad. Quizá sería deseable que los proyectos que se han incorporado «desde arriba» fuesen capaces de favorecer el camino del talento local para su propia promoción como creadores culturales. Sería deseable que se ofrecieran caminos suficientes para que coexistiera lo uno y lo otro.

Y para terminar, ¿cuáles serían tus imprescindibles de la agenda cultural malagueña?

Es complicado porque hay mucho para elegir, pero para mí un agente fundamental de la cultura malagueña son las bibliotecas públicas, tanto las municipales como la Biblioteca Pública Provincial Cánovas del Castillo. Estos centros son fundamentales para la articulación cultural de Málaga porque muchos de ellos trabajan fuera de la gran área de influencia del centro y hacen un vergel apostolado cultural en los barrios, donde desarrollan actividades de todo tipo dirigidas a un público muy diverso. En los últimos años ha habido una mayor atención de las instituciones públicas de las que dependen, no solo en la provisión de fondos, sino también en el desarrollo de actividades culturales. Yo haría una invitación a quienes no las frecuenten, o no lo hagan de esta manera, a estar pendientes de la agenda cultural que ofrecen las bibliotecas públicas, ya sean cuentacuentos infantiles, talleres de escritura o ilustración, encuentros con escritores, incluso conciertos. Son centros que viven la cultura de una manera distinta, de una forma más abierta y dirigida a un público más real, ese público que está en los barrios y que es de verdad, no es un público impostado. Es la cultura en toda su acepción, entendida como vecindad, como encuentro con el otro. Mi experiencia cuando he participado, de manera activa o simplemente como espectador, siempre ha sido muy interesante. La riqueza cultural que se da es enorme. Y muchas veces porque es desconocida, por lo que es importante promoverlas y llamar la atención sobre ellas. Así que sí, reivindico las bibliotecas públicas como agentes importantes en la agenda cultural de la ciudad.

Foto: Javier Albiñana